La Grazia es lo más sobrio que ha hecho Paolo Sorrentino (lo que es decir mucho)

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Hay duplas conformadas por actores y realizadores que, si se mantienen en el tiempo, es porque no solo se llevan bien, sino que se entienden a la perfección. El actor sabe interpretar lo que quiere el director, y el cineasta sabe que puede confiar a ciegas en él.

Pensemos en Scorsese y De Niro (y DiCaprio), Campanella y Darín, y Paolo Sorrentino y Toni Servillo.

A estos últimos les ha ido mejor o peor, pero lo que consiguieron en La grande bellezza lo duplican en La Grazia: La belleza de la duda, una comedia dramática en la que, cuando la palabra y cierto surrealismo se apoderan y le dan la atmósfera a la película, se vuelve increíblemente atractiva.

Mejor actor en el Festival de Venecia 2025

Servillo, que por su interpretación ganó la Copa Volpi al mejor actor en Venecia 2025, es De Santis, el Presidente de la República italiana. Un hombre ya cansado, al que su hija (Anna Ferzetti) ayuda en las tareas gubernamentales, y que cuenta los meses (6) que le faltan para abandonar el poder y regresar a su casa. Un hogar en el que ya no está Aurora, su esposa, el amor de su vida, desde hace 8 años.

La película está estructurada alrededor de los asuntos que el Presidente debe afrontar, desde una ley de eutanasia a la que le da vueltas y vueltas, la grazia o indulto a dos personas que por diferentes motivos asesinaron a sus perspectivas parejas. También, qué hacer con el astronauta italiano (no en vano se llama Giordano, como Giordano Bruno) que está en el espacio, y con Elvis, su caballo.

Pero lo que más le molesta y le carcome la existencia es algo que sucedió no ahora, sino hace mucho. Aurora, “la mujer perfecta”, como sabe definirla, lo engañó hace 40 años. Y nunca le dijo con quién.

El tiene su candidato, un viejo compañero del colegio, que ahora integra su gabinete y que quiere sucederlo en la presidencia.

Un Papa negro (y en moto)

“Yo soy el tema más aburrido que conozco”, no se cansa de repetir, incluso a su hija, abogada como él (él fue juez). Por algo, el presidente democristiano tiene el apodo que tiene, y que descubre ahora: Hormigón armado. Las relaciones con ella y su otro hijo, que vive en Canadá como músico, y hasta con el Santo Padre –el Papa que imagina Sorrentino es negro, y anda en moto– son el eje en el que se apoya Sorrentino para hablar de todo lo que lo apasiona.

Ya sabemos que el director de La juventud es ampuloso y muchas veces cuando se vuelve excesivo, agota, cansa, nos aleja. No es el caso de La Grazia, la película más madura del napolitano que idolatra desde siempre a Maradona.

“No es fácil estar a la altura de nuestros principios”, se suelta por allí. Lo mismo que «¿De quién son nuestros días?», pregunta retórica pero que, como la primera frase, apunta a una toma de conciencia de un hombre que comienza a hacer cosas que ni siquiera hizo de adolescente.

La construcción que Sorrentino/Servillo hacen de De Santis es minuciosa, rica en ribetes y que permite al espectador tomar empatía inmediata con él.

Si usted es de los que ama a Sorrentino, esta película le encantará. Y si es como quien escribe, que se sienta a ver sus películas armándose de paciencia -por suerte aquí no hay una obsesión sexual desmadrada-, descubrirá que el director de Fue la mano de Dios también puede hacer películas como ésta, más sobria y con pequeños apuntes surrealistas.

“La Grazia: La belleza de la duda”

Muy buena

Comedia dramática. Italia, 2025. Título original: “La Grazia”. 133’, SAM 13. De: Paolo Sorrentino. Con: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Massimo Venturiello, Milva Marigliano, Orlando Cinque. Salas: Cinemark Palermo, Cinépolis Recoleta y Pilar, Showcase Belgrano, Norcenter y Rosario.

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