Por fin se han obtenido cifras concretas que demuestran algo que ya se intuía: el comercio internacional de alimentos también mueve problemas ecológicos. Aunque quienes coman los productos cultivados en un lugar vivan lejos, las consecuencias golpean fuerte donde se cultivan. Un trabajo aparecido en ‘One Ecosystem’ muestra por primera vez cómo fluye este impacto.
El estudio, liderado por Zhuofan Huang y Zhenglei He, se ha centrado en el trigo, la soja, el arroz y el maíz, cuatro cultivos claves para la seguridad alimentaria mundial, entre 1995 y 2022. En vez de solo rastrear cantidades vendidas, combinaron datos del sistema UN Comtrade con cifras agrícolas de la FAO. A esto le añadieron mediciones sobre desaparición de especies.
Gracias a esa combinación, los autores pudieron revelar la huella ambiental de cada intercambio comercial. Así conectaron 157 países mediante impactos reales. Surgen entonces 91.414 relaciones comerciales distintas, que revelan cómo la demanda de alimentos en un rincón del planeta puede provocar la degradación de hábitats naturales a miles de kilómetros de distancia.
La soja supera al arroz
Los primeros análisis mostraron una tendencia claramente ascendente en la biodiversidad perdida asociada al comercio de esos cultivos básicos. Entre los cuatro productos estudiados, la soja registró el incremento más acelerado: su contribución a la pérdida de biodiversidad se multiplicó por 6,35 entre 1995 y 2022.
La elevada demanda de productos provoca la degradación de hábitats naturales / Pixabay
Este ritmo superó ampliamente al del arroz (su contribución a la pérdida de biodiversidad se multiplicó por 3,29), el maíz (3,07) y el trigo (1,69). Estos datos revelan un cambio, porque históricamente el trigo había sido el mayor responsable de la biodiversidad perdida en el comercio global de alimentos básicos, pero la soja lo superó en 2022 para convertirse en el principal vector de este impacto ambiental transfronterizo.
Estados Unidos, Brasil, China, Australia y Argentina son los grandes productores y exportadores de productos agrícolas, pero por ello también pagan un alto costo natural dentro de sus fronteras: a la vez que aumenta la superficie de tierra cultivada, desaparecen bosques, humedales y vida silvestre. Porque la expansión agrícola es el principal motor de pérdida de hábitats, resalta el estudio.
Huella ecológica
Desde esos países, viajan junto a los productos alimentarios a las naciones importadoras consecuencias invisibles. Países que compran alimentos, fibras o materias primas terminan importando también esa huella ecológica. Un método nuevo, basado en conexiones reales entre economías, trazó caminos ocultos sobre del daño ambiental global. Cada transacción forma parte de una red densa… donde unos pocos nodos repiten su peso una y otra vez.
La investigación da un paso adelante frente a trabajos pasados. A diferencia de análisis anteriores, que miraban efectos en agricultura desde ángulos nacionales o generales, aquí se traza con precisión cómo el declive de la vida silvestre se extiende por redes comerciales internacionales.
Pérdida global de biodiversidad reflejada en el comercio de alimentos básicos (1995 2022). / Pensoft Publishers
El indicador conocido como PDF, común en estudios ambientales profundos, calcula cuánta diversidad biológica se pierde cuando cambia el uso del suelo, ofreciendo datos útiles para realizar comparativas entre países. La base de datos ha sido puesta a disposición pública. Constituye una herramienta valiosa para investigadores y formuladores de políticas.
Responsabilidad ambiental
La utilidad potencial de los datos del estudio abarca múltiples frentes: evaluar la responsabilidad ambiental en cadenas de suministro alimentarias, identificar rutas comerciales de alto riesgo para la biodiversidad y fundamentar políticas comerciales más sostenibles y equitativas. Estos avances metodológicos podrían contribuir directamente a los esfuerzos globales por alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 de las Naciones Unidas, conocido como ‘Vida de ecosistemas terrestres’.
Aun así, los investigadores admiten problemas en su análisis. Los factores de intensidad de pérdida de biodiversidad provienen de modelos complejos que contienen incertidumbres, y la normalización mediante datos de rendimiento agrícola puede propagar errores estadísticos menores.
Recogida de soja en Estados Unidos. / EFE / Tannen Maury
Además, el indicador PDF se enfoca específicamente en la pérdida de riqueza de especies por cambio de uso del suelo, ignorando otros impactos, como la contaminación o la fragmentación de hábitats. Pese a estas limitaciones, el conjunto de datos representa el esfuerzo más completo hasta la fecha para cuantificar la biodiversidad perdida en el comercio alimentario global.
Responsabilidad compartida
El hallazgo más preocupante es quizás la aceleración sostenida de la pérdida de biodiversidad observada en las últimas décadas. El número de conexiones comerciales con impacto negativo se multiplicó por 47 entre 1995 y 2022. Esta expansión refleja la creciente interconexión del sistema alimentario mundial, pero también su creciente huella ecológica planetaria.
Aunque el estudio no propone soluciones concretas, sí sienta las bases para un debate más informado sobre la responsabilidad compartida en la protección de la biodiversidad. Al hacer visible lo que hasta ahora permanecía oculto en las estadísticas comerciales, ofrece a gobiernos, empresas y organizaciones ambientales un instrumento para tomar decisiones más conscientes sobre el origen de los alimentos y el verdadero coste ecológico que conllevan.
