La Madeleine, el templo parisino que concede segundas oportunidades

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Como si se tratase de un punto de unión entre la Plaza de la Concordia y la Ópera de Garnier, a medio camino y en pleno centro de París, se alza la iglesia de la Madeleine. Su apariencia, menos cristiana y más cercana a un templo de la Antigua Roma, no es casual. Fue pensada por Napoléon Bonaparte en 1806 como un lugar dedicado a la gloria del Gran Ejército, inspirado concretamente en la arquitectura del Templo de Zeus Olímpico de Atenas. 

Su arquitectura resume una historia marcada por la ambición, el poder del Estado pero también la decadencia: sus 52 columnas corintias rodean completamente el edificio, al que se accede por una imponente escalinata blanca, recién restaurada, que ofrece una sensación como si elevasen al visitante al mismo cielo. La otra cara del edificio, sin embargo, muestra las cicatrices del paso del tiempo y las dificultades de la administración francesa por mantener el monumento en buen estado, dada su magnitud. Su última renovación duró cuatro años, y se espera que los andamios vuelvan a vestirla durante un par de años más. 

Iglesia de La Madeleine en París / EPC

A pesar de su ubicación privilegiada y de no pasar desapercibida para los ojos de cualquiera, la Madeleine no suele entrar en la lista de los monumentos más visitados de París. “¿Qué es esto?”, le pregunta un turista a su guía frente a la fachada principal. “Es una iglesia, aunque no vean ningún crucifijo, porque en un principio no fue pensada como un edificio religioso”, contesta. A diferencia de otros, como la catedral de Notre-Dame de París o la abadía Saint Germain de Pres, aquí no hay campanarios ni cruces, solo simetrías y una imponente solemnidad.  

Un templo que no nació como iglesia

Con los años, el gran proyecto arquitectónico de Napoleón fue cambiando varias veces de destino; en 1837 estuvo a punto de convertirse en una estación de tren, que habría sido la primera de París. Para finalmente, en 1845, convertirse en una iglesia católica. 

Un espacio que ha ido adaptándose a los movimientos políticos y sociales de la propia ciudad, convirtiendose incluso en un lugar de descanso de figuras ilustres como Frédéric Chopin, Jean-Jacques Rousseau o Josephine Baker. Actualmente, también es un punto de encuentro para rezar, para tomar el sol en sus amplias escalinatas mientras se contempla al fondo el obelisco situado en la plaza de la Concordia o un rincón para aquellos que buscan cobijo

Foyer de La Madeleine: humanidad en el menú

En uno de los laterales de la iglesia se esconde otra de las sorpresas de la Madeleine: su restaurante Foyer de La Madeleine. A primera vista, podría confundirse con uno de esos restaurantes parisinos de mantel blanco, camareros con pajarita y cuenta desorbitada. Nada más lejos de la realidad.

El Foyer es un restaurante que funciona diariamente gracias a los voluntarios y a chefs Michelín que salen de sus cocinas de alto ‘standing’ buscando democratizar la gastronomía y servir al comensal de La Madeleine. Este restaurante con un precio módico fijo sirve al mediodía un menú cerrado. Después, el espacio se transforma para ofrecer comidas a más de 250 personas sin hogar, bajo una estricta filosofía: su menú no discrimina. 

La idea surgió de la mano del chef con tres estrellas Michelin Massimo Bottura y su esposa, Lara Gilmore, quienes juntos fundaron Food for Soul, una organización que busca crear conciencia sobre la lucha contra el desperdicio de alimentos. Aunque su idea no es nueva, ya la tuvo la emperatriz Eugenia, quien en 1842 instaló, en el mismo lugar, un espacio de ayuda y de distribución de comida para los más necesitados. 

Iglesia de La Madeleine en París / EPC

Entre las cientos de personas que pasan diariamente por las mesas de este restaurante, se encuentra un cliente muy especial, Sébastien. Este hombre de 53 años y exinstalador de pladur acabó viviendo durante 19 meses en la calle. Un día, alguien le habló de este sitio, y tras varias visitas, pasó de ser voluntario a sacristán de la misma iglesia de la Madeleine. “El Señor me dio una segunda vida”, afirma Sébastien, quien prefiere mantener la discreción. 

Este templo más que una iglesia, parece una caja de sorpresas: un lugar donde todo y todos reciben una segunda oportunidad, incluso sus baños. Estos aseos son uno de los secretos mejor guardados. Para encontrarlos, en un lateral de la plaza, hay una escalera de hierro desde la que se desciende hasta lo que muchos consideran los baños públicos más bonitos de París. 

Situados bajo el patio de la iglesia, estos aseos creados en 1905, conservan su estilo ‘art nouveau’, con sus puertas originales de caoba y paredes revestidas de mosaicos y cerámicas. En La Madeleine nada es casual, ni siquiera su nombre. Santa María Magdalena encarna a la pecadora perdonada, a quien acoge a los heridos y les dice: “Dios te ama tal como eres, con tu historia”. Quizá sea precisamente en esa idea de acogida donde la iglesia de la Madeleine encuentra su razón de ser.

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