«Esto es demasiado». Con estas tres palabras concisas y claras, aunque algo crípticas atendiendo al contexto, Alberto Núñez Feijóo se pronunciaba con un mensaje en X a las 23:22 horas del martes. El líder del Partido Popular (PP) compartía una noticia dando cuenta de la muerte del maquinista del Rodalies de Gelida, mostraba sus condolencias y lanzaba un mensaje de recuperación a los heridos del segundo siniestro ferroviario en apenas tres días en nuestro país, al tiempo que informaba de la conversación que acababa de tener con el presidente catalán, Salvador Illa, a cuyo perfil en la red social mencionaba.
El arranque del mensaje, si bien pudiera sintetizar la zozobra ciudadana ante el segundo siniestro en solo 48 horas, abría varios interrogantes. ¿Qué era demasiado a esa hora para el líder de la oposición? ¿El número de accidentes? ¿El de muertos? O quizás se refería, consciente o inconscientemente, a la tregua tácita que, salvo Vox, habían decidido darse las principales fuerzas políticas, y que se escenificó en la comparecencia conjunta el lunes, en la zona cero del siniestro de la alta velocidad en Adamuz (Córdoba), entre los presidentes del Gobierno y de la Junta de Andalucía, Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno.
Lo cierto es que Feijóo llevaba ya cuarenta y ocho horas mordiéndose la lengua y el PP en su conjunto también, aunque dejando pistas de Pulgarcito de su hartazgo creciente con la manera de gestionar la crisis del Gobierno. El lunes por la tarde, en su comparecencia, igualmente conjunta con Moreno y en el mismo lugar de la tragedia, Feijóo contestó a una pregunta sobre el grado de interlocución con el Gobierno. La textualidad de su respuesta dejaba poco lugar a las dudas: «Yo no he tenido ninguna información del Gobierno, ni directa ni indirecta. La información que tenemos es a través de la Junta de Andalucía y a través de los medios de comunicación». Aun así, en Génova se intentó suavizar ese mensaje y no resaltarlo demasiado.
Ya el domingo, en un grupo de WhatsApp que comparte con todos los secretarios generales autonómicos y provinciales, el secretario general, Miguel Tellado, trasladó la orden expresa de Feijóo de suspender toda la agenda del partido en los días siguientes. El lunes por la mañana, la reunión ordinaria del comité de dirección fue sustituida por una suerte de gabinete de crisis en la sombra en el que Feijóo estuvo reunido con el vicesecretario de Hacienda popular, Juan Bravo, responsable también del área de Transportes, así como por el expresidente de Renfe, Pablo Vázquez, y la antigua directora general de operaciones de la compañía pública, Berta Barrero. El departamento de prensa difundió una foto del encuentro, en el despacho del presidente de los populares en la planta séptima de Génova, y un breve vídeo de Tellado en términos casi protocolarios, expresando condolencias a las víctimas. Posteriormente, Feijóo se desplazó a Córdoba para conocer los hechos in situ, y así, sin mayor incidencia, transcurrió la primera jornada posterior al siniestro.
El precedente de Rajoy y Rubalcaba en Angrois
Pero ya el mismo lunes, cuando Feijóo contestó sin poner mayor acento que no había recibido información, empezaron a molestar otras cosas. La primera, la presencia en la comparecencia de la mañana de Sánchez y Moreno de la vicepresidenta primera María Jesús Montero, junto a los ministros responsables del operativo, el de Interior Fernando Grande-Marlaska y el de Transportes, Óscar Puente. «¿Qué hacía allí? En la dana no hubo vicepresidentas», empezaron a trasladar en Génova, ante la presencia de quien, no en vano, es también la líder del PSOE en Andalucía, lo que dentro de poco le obligará a abandonar el Consejo de Ministros para medirse a Moreno en las elecciones autonómicas que toca celebrar este mismo año. Pese a todo, esos reproches se mantenían soterrados y no saltaban a la esfera pública, aun cuando Vox mantenía una actitud muy distinta, primero sin suspender su agenda pública, ni siquiera la rueda de prensa semanal de su portavoz nacional, José Antonio Fúster, y segundo culpando directamente al Gobierno, como terminó de hacer este miércoles, en un foro empresarial, el propio Santiago Abascal.
En todo momento, Feijóo tuvo muy presente el recuerdo del accidente de Angrois en el verano de 2013, que le sorprendió en su segundo mandato como presidente de la Xunta de Galicia. Y empezó a considerar que se le había tratado por parte de Moncloa en general, y del presidente en particular, notablemente peor que Mariano Rajoy, entonces jefe del Ejecutivo, hizo con Alfredo Pérez Rubalcaba, fallecido seis años después, a la sazón secretario general del PSOE y como tal líder de la oposición. Rajoy le llamó para tenerle informado y la entonces ministra de Fomento, la popular Ana Pastor, le acompañó a su visita a la zona afectada. La noche y el día, y prueba también de cómo las relaciones entre Sánchez y Feijóo son las peores entre un presidente y un líder de la oposición en mucho tiempo.
Rumiando ese agravio comparativo, y ya durante la tarde del martes, la noticia de que el Gobierno establecía, ahora, un límite a la velocidad máxima de los trenes en el AVE entre Madrid y Barcelona hizo estallar de indignación a los populares, hasta el punto de que era ya muy difícil detener la ebullición de la olla. Y aun así, y siguiendo las directrices enviadas en el mensaje del domingo en el grupo de WhatsApp por Tellado, hasta las direcciones autonómicas normalmente más combativas con el Gobierno, singularmente la de la Comunidad de Madrid, mantuvieron la cautela. Algo que se visualizó incluso en programas de televisión donde alguno de sus máximos dirigentes de los populares madrileños se mostró mucho más cauto de lo habitual, para sorpresa de propios y extraños.
Bravo y Muñoz lideran la indignación
Aunque para entonces, sobre todo en las redes sociales, dirigentes de peso como la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, y Juan Bravo, empezaban a resquebrajar la tregua tácita de Adamuz. «Es gravísimo. ¿Qué tranquilidad puede tener la sociedad española si se toma esa decisión ahora?», clamó Muñoz pasadas las ocho de la tarde, tras compartir las primeras informaciones sobre ese nuevo límite a la velocidad de los AVE por el estado de la vía. Mientras que Bravo pedía una «aclaración de inmediato», ante una iniciativa «contradictoria con la anunciada hace meses». Parafraseando a Feijóo, ya era ‘demasiado’.
El accidente de Gelida y la muerte de otro maquinista, en este caso de Rodalies, hicieron que la olla de la indignación de los populares, aun de manera controlada, estallase definitivamente. Es misma noche se decidió que, pese a tratarse del segundo día de luto oficial, Bravo comparecería en una rueda de prensa en Génova, como hizo al día siguiente para hablar de «un Gobierno desbordado» y dar cuenta de la carta que le había remitido al ministro Puente, pidiéndole explicaciones por esos vaivenes a la hora de fijar la velocidad de los trenes.
Bravo, uno de los dirigentes más mesurados del primer partido de la oposición y de los que mejor comunicación tiene con el Gobierno -que valora su perfil técnico y su bagaje como antiguo consejero de la Junta de Andalucía- midió sus palabras, pero de manera más o menos velada apuntó a que el Ejecutivo habría podido incurrir en la ocultación de información, en la desprotección de los pasajeros que antes del accidente transitaron en trenes sobre los que no pesaba la limitación de velocidad de marras y también en la filtración selectiva de información, tras publicarse la conversación que el maquinista del Iryo mantuvo con el centro de control tras el fatal descarrilamiento.
La semana iba a empezar con la esperada reunión en Moncloa el lunes entre Sánchez y Feijóo, que ambos convinieron aplazar el mismo domingo por la tarde. Un encuentro que hizo albergar esperanzas de cierto deshielo en la relación entre ambos, pero las tragedias ferroviarias parecen haber dado al traste con ello. La intención de Moncloa es celebrar ese encuentro la semana que viene, pero fuentes del PP ya advierten que dadas las circunstancias no tendría sentido mantener el orden del día acordado la semana pasada, centrado en el eventual envío de tropas españolas en misión de paz a Ucrania y, como reclamó Génova, en todos los asuntos relativos a la agenda de exteriores, seguridad y defensa. Tras el amago de deshielo y con una tragedia nacional de por medio, la siempre complicada relación entre Sánchez y Feijóo vuelve a la casilla de salida.
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