La mayor tormenta solar en más de dos décadas pone en alerta a la Tierra

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EE.UU. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos elevó la advertencia a una posible tormenta geomagnética de nivel G4.

La Tierra atraviesa uno de los episodios de actividad solar más intensos de los últimos 22 años.

Una poderosa eyección de masa coronal, originada por una llamarada solar extrema, avanzó desde el Sol a velocidades extraordinarias y desencadenó una tormenta solar y alertas en los principales centros de monitoreo del clima espacial del mundo.

El impacto ya mostró efectos visibles, como la aparición de auroras en regiones donde rara vez se observan, y obligó a operadores de infraestructuras críticas a revisar sistemas eléctricos, satelitales y de navegación.

Los servicios meteorológicos espaciales advirtieron que el fenómeno alcanzó niveles que no se registraban desde octubre de 2003.

Antes de su llegada, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos elevó la advertencia a una posible tormenta geomagnética de nivel G4, una categoría asociada a riesgos serios para la estabilidad de las redes eléctricas y el funcionamiento de satélites.

En esa fase de la escala, los sistemas de protección pueden desconectar componentes clave para evitar daños mayores, lo que incrementa la posibilidad de interrupciones.

La tormenta solar no se manifestó como un evento aislado. Fue parte de una secuencia de erupciones asociadas a una región activa del Sol, caracterizada por un grupo de manchas solares de gran tamaño. Ese contexto explica por qué los especialistas no descartan nuevos episodios en los próximos días.

La actividad solar atraviesa una fase de crecimiento dentro de su ciclo natural, un patrón de aproximadamente once años que alterna periodos de calma con otros de gran intensidad.

Las tormentas solares se originan cuando el Sol expulsa enormes cantidades de plasma y campos magnéticos al espacio interplanetario. Estas nubes viajan a través del viento solar y, cuando su trayectoria apunta hacia la Tierra, interactúan con la magnetosfera, el escudo magnético que protege al planeta de la radiación cósmica.

Ese choque desencadena corrientes eléctricas inducidas que pueden propagarse tanto en el espacio como en la superficie terrestre.

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