La llegada del día del Patrón a San Sebastián de los Ballesteros es un momento de veneración y celebración que trasciende lo meramente religioso, es una manifestación de gratitud tanto hacia el Santo, San Sebastián, como a la mesa, donde la devoción se trasforma en exaltación gastronómica. El guiso de pavo con fideos ocupa el lugar de honor, donde la fe se saborea, un rito ancestral con un plato que habla de historia, cuyo origen es tan humilde como sus ingredientes.
En San Sebastián, la fiesta no irrumpe: regresa cada año, convocada por un pueblo, por un santo y por una mesa que nunca se enfría del todo. Firme sobre su pedestal, dominando la plaza, la estatua de Carlos III observa, un año más, como testigo mudo de siglos de historia, no parpadea, pero lo ve todo: la procesión que avanza lentamente por calles principales, el pueblo arropando a su Protector, ha marcado el primer gran acto de celebración conmemorativa.
Entre sones solemnes de cornetas y tambores de la Banda de Santaella, y precedida por una corte de voleadores, ha dejado escenas de recogimiento, vivas espontáneas y gestos cargados de tradición: el lanzamiento de peladillas bendecidas durante el recorrido, que simbolizan protección y buena fortuna para todo el año.
Adolfo Molina, Francisco Javier Maestre, José Antonio Nieto y Andrés Lorite, en la degustación de pavo con fideos. / Inmaculada Vázquez
Reunidos en la mesa
Pero si la fe convoca, la mesa reúne. Este domingo un sol radiante iluminaba el día, que amaneció frío, propio del invierno, aunque parecía aliado del ánimo festivo, no tardó en calentarse con la animación del acto. El corazón de la fiesta se ha desplazado hacia el pabellón polideportivo municipal, despojado por un día de su condición funcional. Se ha transformado en ágora, en comedor común, un espacio donde la identidad se sirve en caliente.
Afuera, las colas crecían entre conversaciones, saludos y reencuentros. El flujo era constante: entraban unos, salían otros, hasta sumar cerca de un millar de personas a lo largo de la jornada. El motivo de la espera bien lo valía, el guiso de pavo con fideos aguardaba en las ollas paciente, como ha esperado siempre. Ese plato, heredado de otra geografía y de otro tiempo, no ha perdido su acento. En él persiste la memoria de quienes llegaron, de quienes aprendieron a cocinar despacio, ha vuelto a reunir a vecinos, visitantes, contando con la presencia institucional de la corporación municipal, encabezada por el alcalde, Francisco Javier Maestre, junto a José Antonio Nieto, consejero de Justicia de la Junta de Andalucía, Adolfo Molina, delegado del Gobierno regional, y Andrés Lorite, vicepresidente primero de la Diputación de Córdoba, además de alcaldes y concejales de municipios colindantes. Todos han compartido mesa con los asistentes, convirtiendo la degustación en un verdadero acto de convivencia. Mientras tanto, el exterior seguía vivo, puestos, tránsito continuo y un ambiente que mezclaba generaciones.
El público llena el pabellón de San Sebastián este domingo. / Inmaculada Vázquez
25 kilos de fideos
Los fogones trabajaban y el aroma se extendía por el espacio del pabellón. Carne de pavo de corral y 25 kilos de fideos, elaborados por la panadería local los días previos a la celebración, siguiendo métodos tradicionales con horas de chup-chup en las que el caldo se espesa y los sabores se funden sin prisa, cuidando especialmente la calidad de los ingredientes como el aceite de oliva virgen extra, procedente de la cooperativa olivarera local, que ha aportado un valor añadido en una danza de sabores, con las influencias centroeuropeas, que trajeron consigo los colonos, ricas en sabor y simbolismo para perpetuar los valores ancestrales, siguiendo la receta que ha pasado de generación en generación y la maestría de Joaquín Sag ha ofrecido una experiencia sensorial completa. Ha sido servido humeante, cada cuchara parecía contener algo más que alimento: una forma de narrar el pasado sin palabras. La innovación ha llegado a la mesa gracias a los cuencos de barro cromado, diseño del taller Ivanros de la Rambla, conocido por sus piezas artesanales para marcar internaciones como Christian Dior, Loewe o Cerveza Alhambra, entre otras, que ha aportado un toque contemporáneo a un plato que sabe a historia.
Después ha llegado el tiempo de la sobremesa, la repostería artesanal que la hermandad de Nuestra Señora Virgen de los Dolores ha ofrecido, una amplia variedad de dulces, postres cuya recaudación se ha destinado a sufragar los gastos de la propia hermandad, prolongando las conversaciones, y la música con la actuación del artista José Ortiz y la Orquesta Millenium tomando el relevo.
El alcalde ensalza la convivencia, tradición y futuro
Al final, las palabras instituciones casi no han sido necesarias. Aun así, Maestre ha hablado de convivencia, de tradición, de futuro, subrayando el valor de una celebración que sigue llenando de vida el pueblo, una festividad en la que la identidad no se impone ni se proclama, sino que se siente, se vive y se comparte con todos. Ha reconocido la participación y el esfuerzo colectivo que hace posible mantener vivo el legado y asegurar su continuidad. Y allí queda Carlos III, que ha vuelto a ser observador discreto de cómo San Sebastián cumple de nuevo su rito anual: juntarse y servir un plato en honor a su patrón.
