El nuevo arma de los Gobiernos

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¿Os acordáis de cuando sucedió lo del apagón? Yo no (sigo teniendo un descontrol de hechos en mi cabeza). Sé que hubo pánico, que la gente se agolpaba en las calles para escuchar radios a pilas, que por unas horas hubo un sentimiento de comunidad ante la incertidumbre, también miedo ante la imposibilidad de comunicarnos con nuestros seres queridos. Imaginad que eso ocurre durante semanas con el país en plena revolución.

Desconocéis dónde están vuestros hijos o padres o si han sido heridos por las protestas y la dura represión del régimen. Golpes, disparos, detenciones ilegales con privación de acceso a asesoramiento legal, condenas a penas de muerte que son llevadas a cabo en apenas un par de días. Incluso, ejecuciones arbitrarias. Cuerpos que se agolpan en una morgue improvisada (como cuando aquí el Covid). Más de 10.000 detenciones, más de 500 muertos (la población apunta a 12.000 muertos, pero no puede comprobarse). Hospitales abarrotados donde se agolpan cadáveres.

Y no sólo eso: el mundo desconoce lo que está ocurriendo, dado el bloqueo de acceso a internet y telecomunicaciones dictado por el régimen. Bueno, la comunidad internacional, porque los Gobiernos siempre tienen sus fuentes de información. La primera constancia que tenemos de lo que sucede es por las redes sociales. Los medios apenas se hacen eco o investigan para trasladarnos la «verdad». Hay temor a un bombardeo estadounidense, porque Trump se considera el «pacificador» del mundo (e incluso Corina Machado le ha entregado su medalla del Nobel de la Paz a este individuo, poniendo de manifiesto que no se la merecía). Gobiernos de muchos países recomiendan a sus ciudadanos que regresen a su país de origen si cuentan con esa posibilidad, porque muchas aerolíneas han cancelado sus vuelos. ¿No es acaso una locura? Recuerda a la serie El colapso, pero elevado a una potencia suprema.

Ahora los Gobiernos cuentan con ese nuevo arma de desestabilización: el corte de toda comunicación y acceso a internet. Así tratan de lavar su cara internacionalmente y provocar aún más caos entre la población, en medio del terror. Así tratan de controlar a las masas, que no se vea que están siendo golpeados por ellas. Y, de nuevo, la comunidad internacional no hace nada. Ni siquiera repatrían a los españoles residentes allí o que hayan ido de vacaciones por navidad, sino que los animan a que salgan por sus propios medios. ¿Y si no los tienen? ¿Y si ya es demasiado tarde? Se lavan las manos. Cada nación sólo mira por sí misma; cada presidente, por su propio interés político.

*Escritora

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