La historia de Villa Carlos Paz está atravesada por un giro inesperado. Su creador, Carlos Nicandro Paz, nunca imaginó que el pueblo que trazó en sus tierras serranas terminaría llevando su apellido y no el nombre que él mismo había pensado.
Nacido en 1866, Carlos era hijo de Rudesindo Paz y Clementina Pruneda. De joven estudió en la Universidad de Córdoba, pero la enfermedad de su padre lo obligó a dejar la carrera de ingeniería y dedicarse de lleno a la estancia Santa Leocadia, situada en las sierras donde hoy se levanta el dique San Roque. Allí conoció el trabajo rural y adquirió un apego profundo por esas tierras que nunca quiso abandonar.
Con apenas 22 años, en 1888, se instaló definitivamente en la estancia. A los 26 contrajo matrimonio con Margarita Avanzatto y formó una familia numerosa con doce hijos. La herencia de las tierras lo convirtió en único propietario y con visión de futuro inició un plan que cambiaría la fisonomía de Punilla.
En 1904 comenzó una obra clave: un canal de riego que captaba agua del río para mejorar la producción ganadera. La construcción no solo prometía forrajes y cultivos, sino que también proyectaba algo más ambicioso: abastecer a futuras viviendas y generar energía eléctrica para un pueblo que aún no existía.
Paz había empezado a soñar con la urbanización. En 1908 contrató a una maestra particular para sus hijos y luego donó terrenos para levantar la escuela Carlos N. Paz, inaugurada antes que el propio pueblo. En 1911 impulsó la construcción del primer local escolar y en 1914 levantó la capilla del Carmen. También plantó árboles en las tres calles principales y en 1915 mandó a construir casas para recibir a los primeros turistas que llegaban desde Córdoba capital.
Su visión quedó plasmada en 1913, cuando encargó el plano con 30 manzanas, 15 de cada lado del río. Ese trazado dio origen a la urbanización. Fue entonces cuando comenzó a vender lotes a familias de apellido Muñoz, Cárcano, Dianda, Mestre y Calderón, entre otros, que se convirtieron en los primeros propietarios.
En esos años, Carlos Nicandro tenía en mente un nombre: “Pueblo San Carlos”. Así había imaginado la identidad de aquel caserío embrionario. Sin embargo, la historia tomó un rumbo distinto.
Al morir en 1930, con 63 años, la comunidad que ya se reconocía alrededor de la villa decidió rendirle homenaje llamándola Villa Carlos Paz. Así, el pueblo no quedó con el nombre que su fundador había pensado en vida, sino con el apellido que lo eternizó en la geografía y el turismo de Córdoba.
Hoy, al repasar la historia, queda la curiosidad: la ciudad más turística de las sierras pudo llamarse “San Carlos”, pero el destino la bautizó de otra manera. En ese juego de nombres se esconde parte del atractivo de Villa Carlos Paz: un lugar nacido de la visión de un hombre que no buscaba un acto de fundación solemne, sino la proyección de un pueblo para sus hijos, sus amigos y los visitantes que empezaban a descubrir la belleza del valle.