La ministra de igualdad ha dicho que el presidente del Gobierno es un «superhéroe». Desde el punto de vista morfológico, «superhéroe» es un sustantivo derivado por prefijación, pues a la base «héroe» se le añade el prefijo «super-». Ahora bien, como se trata de un prefijo culto, de origen latino, algunos gramáticos califican el constructo como compuesto culto. En cuanto al significado, el DLE expresa que el vocablo ‘superhéroe’ es un ‘personaje de ficción con poderes extraordinarios que usa para combatir el mal’.
Quizás la ministra haya errado haciendo uso de una metáfora hiperbólica, dado que nuestro presidente no es –que se sepa– un personaje de ficción. Podría discutirse si tiene o no poderes extraordinarios. Pero, si los tiene, no parece que los esté utilizando para combatir el mal. Entendemos que, en el fervor de una manifestación, sea fácil tropezar con errores de índole gramatical y de precisión semántica, tanto más si se quiere deleitar a un idealizado superhéroe. Pero quien habla en público sin haber reflexionado previamente sobre el significado de todo cuanto va a decir deberá aceptar también con deportividad literaria que aquel al que han hecho representar injustamente el rol de «supervillano» reivindique un mejor reparto de papeles dramáticos.
Solamente son unas humildes reflexiones gramaticales y literarias: cada uno combate por distintas causas con el bagaje del que dispone. El tiempo será testigo de si la cultura puede ayudar a que los políticos mejoren sus discursos improvisados, y también los preparados. Por el momento no hay «superhéroe» que les enseñe a hablar.
*Lingüista
