«Europa no es decadente, ni ‘woke’ ni una civilización amenazada», en palabras de la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, quien criticó la ‘moda’ de la Casa Blanca de criticar o denigrar al bloque comunitario. «La patada en el culo que recibimos del presidente (Donald) Trump nos ha acercado a los europeos y hecho más responsables», afirmó por su parte la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.
Con estos pronunciamientos de la alta representante de la Política Exterior de la UE, por un lado, y de la máxima responsable de la política monetaria de la zona euro, por el otro, se cerró una Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC) dominada por la voluntad de emancipación europea respecto a su aliado transatlántico. Estados Unidos, representado por su secretario de Estado, Marco Rubio, no se dedicó a tratar de humillar a Europa -como sí hizo un año antes su vicepresidente, JD Vance–, sino que llamó a relanzar esas relaciones. Dejó claro, sin embargo, que aspira a que Europa se ciña al rumbo de Trump, sea en política migratoria, social o climática, en unos momentos en que, según Washington, la civilización occidental y sus valores cristianos están amenazados.
Incomodidad ante Rubio
«Cuando escucho ciertas críticas contra Europa, lo que al parecer está de moda, me pregunto cuál es la alternativa y por qué son tantos quienes quieren unírsenos», argumentó Kallas, en la jornada de cierre de la MSC. La lista de los que esperan adherirse «es larga», añadió, para referirse no solo a países del este europeo, como Moldavia o Ucrania, sino incluso a Canadá. «Un 40 % de los canadienses tienen interés en ingresar en la UE», aseguró.
Kallas desmenuzó, aunque sin citarlo, algunos de los argumentos brindados la jornada anterior por Rubio. «No necesitamos que nos den lecciones«, dijo, para citar como ejemplo a su país, Estonia, que ocupa el puesto segundo en los índices de libertad de prensa, mientras que Estados Unidos está en el 57. A Kallas se la había visto incómoda en la sala del Bayerischer Hof, el hotel muniqués sede de la MSC, al fin del discurso de Rubio. La mayoría de los asistentes, como el canciller Friedrich Merz, saludaron con cerradas ovaciones el discurso del secretario de Estado. Era sobre todo una expresión de alivio, por el tono conciliador empleado por Rubio. Pero el contenido del discurso sigue reflejando unas grietas muy profundas en las relaciones transatlánticas. La esperanza de muchos líderes europeos está en figuras como el gobernador de California, Gawin Newson, presente en la MSC junto con una abultada representación de parlamentarios demócratas o republicanos críticos hacia Trump.
«Europa crece y se fortalece en tiempos de crisis», afirmó Lagarde casi al cierre de la MCS. Soltó ahí su frase sobre la «patada en el culo» que Trump ha propinado, con su giro hostil hacia Europa. Y argumentó que esa sacudida había tenido efectos positivos. La resultante es una cohesión entre los socios europeos, que se ha plasmado en el apoyo a Dinamarca frente a los propósitos anexionistas de Groenlandia por parte de Trump o en la búsqueda de una emancipación defensiva respecto a Estados Unidos.
Rubio, al encuentro con el trumpista Orbán
La visita de Rubio a Múnich suavizó los estragos en la relación transatlántica. El propio Trump había desminado ya bastante el conflicto con Dinamarca, socio de la OTAN. Fue en Davos, cuando descartó el uso de la fuerza militar para lograr sus objetivos sobre la isla ártica y echó atrás la amenaza de aranceles contra los aliados que respaldaran militarmente al socio danés.
Pero estas maniobras para distender la relación entre aliados no ocultan cuáles son los verdaderos amigos políticos a los que Trump y su equipo dispensan asistencia, incluido a escala electoral. Rubio partió de Múnich en dirección a Eslovaquia, para reunirse con el primer ministro del país, el populista Robert Fico. De ahí seguirá viaje a Budapest, donde el lunes será recibido por el líder ultranacionalista Víktor Orbán, el máximo aliado de Trump entre los miembros de la UE.
La visita se produce en unos momentos de debilidad para Orbán. Se pronostica una derrota del primer ministro húngaro en las elecciones parlamentarias del próximo 12 de abril. Los sondeos apuntan a que Fidesz, el partido de Orbán, perderá esos comicios, tras 16 años de gobernar con mayoría absoluta. Su rival es Péter Magyar, excorreligionario de Orbán y ahora líder de Tisza, al que los sondeos sitúan en un 48 % de los votos, diez por encima de los pronosticados a Fidesz.
Orbán asegura que los impulsores de Magyar son la presidenta de la Comisión Europea, Ursula on der Leyen, el líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, y, por extensión, Alemania, el país de ambos políticos. Magyar asistió como invitado a la MSC muniquesa, donde mantuvo encuentros con varios líderes, entre ellos el canciller Friedrich Merz.
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