El resurgir del euro contra el dólar asfixia a los exportadores y abarata los vuelos a EEUU: quién pierde con la divisa fuerte

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Los altibajos geopolíticos desde la Casa Blanca en el último año han reconfigurado el orden establecido en los mercados de divisas. Esto ha fortalecido la cotización del euro contra el dólar hasta las 1,20 unidades en las últimas semanas, un máximo que la moneda comunitaria no ha observado desde las alturas de la crisis sanitaria en 2021. Y un euro más fuerte, a medida que crece la desconfianza comercial en Estados Unidos, ha provocado relámpagos económicos en ambos rincones del Atlántico.

Y aunque supone grandes beneficios para el poder adquisitivo de los europeos —implica que los boletos de avión a Nueva York o Miami se abaratan— también deja dolores de cabeza para los exportadores europeos con vínculos comerciales a Washington y para la labor del Banco Central Europeo (BCE). Del mismo modo, también golpea al turismo: un dólar más débil también implica que algunos viajeros de Estados Unidos se lo pensarán dos veces antes de reservar su escapada anual a las costas de España, o al sur de Italia.

Los analistas apuntan a que la caída del dólar se deben a una confluencia de factores. Entre ellas, las injerencias de la Casa Blanca en la Reserva Federal, la intervención estadounidense en Venezuela, y por último, la incertidumbre en torno los enfrentamientos comerciales. Esto ha generado que gane más terreno las apuestas en contra del dólar en las mesas de cambio de divisas en los últimos meses, un término que ha sido bautizado como ‘Vender América’ (Sell America Trade, en la jerga anglosajona).

El whisky y los viajes a Nueva York se abaratan

La fortaleza de la moneda europea frente al dólar, considerado el refugio desde el fin del patrón oro en 1971, ha producido una nueva serie de ganadores y perdedores que van más allá de las mesas de cambio de divisas en un rascacielos afincado en el Río Támesis. Para los ciudadanos europeos, este protagonismo conlleva buenas noticias: el cambio de poder es tangible a la hora de financiar las vacaciones o comprar productos hechos en Estados Unidos.

Un euro más fuerte reduce en unos 1.212 euros el precio de la lustrosa motocicleta, el Harley-Davidson Sportster, valorada en unos 15.999 dólares en Estados Unidos. Con el euro rozando los 1,20 dólares por unidad, el precio que paga un motero con pasaporte europeo por este producto se ha reducido de los 14.544 euros originales a cerca de 13.332 dólares. Para poner las cifras en contexto, el cambio de cotización de 1,10 dólares a 1,20 implica una caída en el precio de un Harley-Davidson del 8,3%. El mismo fenómeno ocurre con un viaje de ida y vuelta desde Barajas a Nueva York, un euro más fuerte puede implicar un descuento de cerca de 70 euros en la compra de boletos de avión.

Menos turismo desde Estados Unidos

Una oficina de intercambio en la Calle Alcalá. 10.00 de la mañana. La tasa del euro contra el dólar parpadea cerca de 1,20: máximos no vistos desde 2021. Los turistas de paseo en la Gran Vía miran atentamente al tipo de cambio, un acontecimiento que ha complicado las escapadas turísticas para los viajeros estadounidenses en España, y en el resto del Viejo Continente

Este efecto dominó ya es visible. Los viajeros procedentes de Estados Unidos constituyen la mayor fuente de turistas en España fuera del resto de la Unión Europea (UE): representaron el 7,1% del gasto extranjero total en el país en 2024. No obstante, la debilidad del dólar, que se traduce en un aumento de los costes hoteleros y de los billetes de avión, ya está empezando a provocar un descenso en las llegadas desde Estados Unidos. Esta ralentización tampoco es precisamente una buena noticia para España, ya que la ausencia de turistas estadounidenses podría restar hasta un punto porcentual al PIB y frenar el tirón del turismo de las regiones costeras del país, según un reciente informe de CaixaBank Research

El BCE y los exportadores, en la diana

A 1.900 kilómetros de distancia, en Fráncfort, un euro más fuerte no es motivo de festejo. Para la política monetaria, no es del todo conveniente tener una moneda tan fuerte y puede atraer dolores de cabeza para el Banco Central Europeo (BCE). La propia presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha vuelto a congelar los tipos en el 2,00%, aunque ha advertido sobre los riesgos que plantea el resurgir del euro: «Si vuelve a haber ajustes, será un recorte». Por un lado, un euro fuerte también abarata las importaciones de materias primas denominadas en dólares. Aunque esto puede ser positivo para algunas empresas europeas, también enfría la actividad en la zona euro y aprieta los márgenes de las compañías exportadoras, cuyas ventas se disminuyen a la hora de hacer la conversión de dólares a euros.

Los grandes perdedores por este cambio de paradigma en el mercado de divisas, son, sin duda, los exportadores europeos. El Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) ha advertido sobre los riesgos que la inestabilidad en el mercado de divisas plantea para los exportadores en los últimos meses. Por ello, han aconsejado a las empresas exportadoras a recurrir a seguros de cambios o a contratos a largo plazo para fijar con antelación el importe exacto de euros que recibirán por sus transacciones.

Martin Wolburg, economista sénior de Generali Asset Management, considera que la apreciación del euro aún no se ha convertido en un problema para el BCE, y descarta un movimiento de tipos para atajar su senda. “La fortaleza del euro se produce en un contexto mundial difícil, marcado por los aranceles estadounidenses y la intensa competencia con China”, ha explicado. “Sigue existiendo el riesgo de una subida más pronunciada del euro. Un estudio del BCE sugiere que una apreciación del euro del 1% reduce la inflación general en solo alrededor de 0,04 puntos porcentuales en un año, lo que implica que el Consejo de Gobierno puede ignorarla en gran medida por ahora”, ha matizado. 

Los fondos castigan al dólar

Desde Nueva York hasta Londres o Madrid, el dólar ha estado en el punto de mira de los fondos de inversión desde la segunda toma de posesión de Donald Trump y ante sus promesas de desestabilizar el comercio global. El atractivo de la operación ‘Vender América’ ha seducido a los fondos de cobertura mientras han buscado blindar sus carteras de los choques económicos provenientes del Despacho Oval. Los vaivenes geopolíticos han aislado a muchos inversores, quiénes se han posicionado en contra del dólar. La gestora francesa, Ofi Invest, por ejemplo, mantiene actualmente una exposición al dólar entre el 1% y 2% y vincula el resto de su cartera al euro.

Esta tendencia ha sido generalizada. Entre los grandes gestores que se han desprendido de sus activos denominados en dólares destaca gigantes como Fidelity, Pimco, o Amundi, la gestora más grande de Europa, entre otros. Y esta inclinación se alinea con el consenso de los analistas: la debilidad del dólar ya no es una tendencia efímera en los mercados que no desaparezcará a medio plazo. Los estrategas de Edmond de Rothschild consideran que «el estatus del dólar como moneda de reserva está abierto a debate, es probable que siga siéndolo a medio plazo, en ausencia de alternativas creíbles y de liquidez suficiente para los banqueros centrales extranjeros».

Omar Rachedi, profesor de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade, considera que la caída del dólar se debe a una confluencia de factores, no solo políticos, sino que también se debe a más ganas de no tener todo concentrado en una sola moneda. «La caída del dólar frente al euro y otras monedas viene de una mezcla de expectativas y de ‘cobertura’ por parte de los inversores», ha explicado Rachedi, aunque matiza que existen algunos beneficios para los consumidores europeos. “Para la zona euro, un euro más fuerte suele ser una buena noticia para el consumidor a corto plazo. Mucha energía, materias primas y productos que Europa compra se acaban fijando en dólares, así que un euro fuerte puede ayudar a que ciertos precios suban menos y a que la inflación se enfríe”, ha aclarado.

La visión es parecida desde la gestora suiza J. Safra Sarasin Sustainable Asset Management, con más de 45.000 millones de francos suizos bajo gestión (49.000 millones de euros). «La demanda estructural del dólar debería disminuir si EEUU sigue adoptando políticas predatorias», ha expuesto Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable Asset Management. «Tendemos a pensar que 2026 será otro año en el que los mercados financieros estarán fuertemente condicionados por la geopolítica. La demanda de la moneda de reserva debería ser menor en un mundo multipolar compuesto por distintos bloques, en comparación con el anterior orden global basado en reglas tras la Segunda Guerra Mundial. Y esto debería ser negativo para el dólar a largo plazo».

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