Imaginemos la historia paralela de dos pequeñas empresas que fabrican maquinaria agrícola: una en Argentina y la otra en Brasil, en Las Parejas, Santa Fe, y Rio Grande do Sul ¿Por qué una crece y la otra no? Ambas nacen con pocos empleados, mucho esfuerzo y, sobre todo, una buena idea. Primero venden a los productores de la zona, ajustan sus procesos a fuerza de intuición, sobreviven los primeros meses y tratan de crecer.
En poco tiempo, enfrentan a una bifurcación decisiva, que marcará su destino. La empresa brasileña accede a un crédito que le permite adquirir una dobladora de chapa de última generación y contrata a un asesor financiero. Así, ordena su contabilidad, su proceso, su flujo de caja, su cumplimiento fiscal y legal; también optimiza su estrategia de precios. En pocos meses, ya opera con mayor eficiencia: incrementa su capacidad productiva, reduce costos, mejora los plazos de entrega y fortalece la atención al cliente con nuevo personal. Como resultado, la PyME brasileña gana competitividad de manera sostenida: en pocos meses realiza su primera exportación a Uruguay.
La empresa de Las Parejas, en cambio, no tiene la posibilidad de acceder al mismo financiamiento. Continúa operando, pero sin el margen necesario para escalar su producción, profesionalizar su gestión o asumir nuevos desafíos estratégicos. Con el tiempo, pierde terreno. No le faltan talento o ideas: lo que le faltan son herramientas adecuadas para convertir ese potencial en crecimiento sostenido.
El caso es hipotético, pero refleja una realidad cotidiana. Para las empresas pyme, el acceso al crédito marca la diferencia entre crecer o estancarse, conquistar mercados externos o permanecer al margen, generar empleo o apenas sostener la estructura existente.
En Argentina el crédito productivo representa apenas el 15% del PBI, un nivel bajo incluso en comparación con países vecinos: 31% en Uruguay, 76% en Brasil y 130% en Chile. La diferencia no es únicamente financiera: es una brecha de desarrollo.
En los últimos años, sin embargo, han surgido señales alentadoras. Como proporción del crédito total, el financiamiento bancario destinado a PyMEs creció de manera sostenida durante los últimos seis años. En 2019 representaba el 15,6% y, en 2023 alcanzó el 27,2%. Parte de esta mejora se explica por la consolidación de un mecanismo que ha demostrado gran eficacia: las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR).
El funcionamiento del sistema es claro: inversores privados —denominados socios protectores— aportan capital a una SGR. Esta, a su vez, evalúa a las PyMEs y actúa como garante ante bancos o en el mercados de capitales. No otorga financiamiento directo, pero sí brinda la confianza necesaria para que muchas pequeñas empresas accedan al crédito formal.
Gracias a este esquema, más de 100.000 PyMEs han obtenido financiamiento, movilizando un volumen superior a 3,8 billones de pesos. Para muchas de ellas, constituye el primer paso para integrarse al circuito financiero formal y emprender un camino de crecimiento sostenido. El acceso al primer crédito parte aguas para las pymes: más allá de habilitar una inversión inicial, transforma profundamente la mentalidad del emprendedor o empresario.
No solo otorga recursos, sino que brinda seguridad, permite salir del enfoque exclusivo en la urgencia operativa del día a día y habilita una visión estratégica orientada al mediano y largo plazo.
El crédito no es solo una herramienta económica, sino un catalizador de confianza.
Su valor no radica únicamente en el capital que moviliza, sino en su capacidad para dinamizar al conjunto de la economía. Además, no requiere la intervención del regulador para imponer tasas artificialmente inferiores a las de mercado, sino un entorno macroeconómico estable, que fomente el apetito por el riesgo y genere las condiciones necesarias para una oferta de crédito sólida y sostenible.
En este contexto, las Sociedades de Garantía Recíproca desempeñan un papel fundamental: aportan confianza y respaldo entre las partes, reducen el riesgo percibido y potencian el crecimiento de las pymes.
Un estudio de la consultora Econviews mostró que las empresas que accedieron al sistema de Sociedades de Garantía Recíproca generan, en promedio, 16 veces más empleo que el conjunto del universo PyME. Este empleo adicional impulsa el consumo, fomenta la inversión, estimula la innovación y fortalece la recaudación fiscal: un círculo virtuoso.
No hay atajos para el desarrollo sino decisiones estratégicas. Impulsar al financiamiento PyME es una de ellas. El sistema SGR ha sido y tiene que ser uno de los pilares fundamentales.